jueves, 18 de marzo de 2010

..EL PROBLEMA ABUNDA EN OTRAS ZONAS..

En la actualidad habitan en América Latina y el Caribe más de 190 millones de niños,



niñas y adolescentes, cifra que representa casi el 40% de la población total. A inicios del


Siglo XXI, más de la mitad de los niños y adolescentes se ven afectados por múltiples


deprivaciones como resultado de la pobreza crítica que vive la región, estado que los


expone a situaciones agravantes de riesgo, vulnerabilidad y vulneración de los derechos


que les han sido consagrados en la Convención sobre los Derechos del Niño.


De hecho, según las estimaciones de la CEPAL y UNICEF, entre 1990 y 1999, el total de


niños y adolescentes que viven por debajo de la línea de pobreza aumentó de 110 a 114


millones. Por otro lado, la pobreza aumentó más en aquellos hogares con mayor


presencia de niños, niñas y adolescentes que en aquellos con mayor presencia de


adultos. El resultado de ello, es la alarmante tendencia hacia la “infantilización” de la


pobreza.


A pesar de los avances constatados en la década de la Cumbre Mundial de la Infancia


(1990-2000), en áreas como la mortalidad infantil, la eliminación de algunas


enfermedades como la polio, la reducción casi total del tétanos neonatal y el incremento


casi universal de la matrícula de educación primara, la situación que vive la mayoría de


las personas menores de 18 años atenta, de manera evidente, contra sus derechos


fundamentales.


Si bien todos los países de la Región han ratificado la Convención sobre los Derechos del


Niño y muchos han ajustado su legislación nacional a sus principios y mandatos, las


reformas legislativas e institucionales nacionales se encuentran en proceso, generando


estados de situación diversos y heterogéneos. La exigencia hoy en día, es la de


reformular las políticas públicas, con un enfoque de derechos, que sea garantista, de


protección integral y de restitución.


Pero la planificación de Políticas Públicas para la Niñez y la Adolescencia en América Latina


y el Caribe, debe contextualizarse en una región que enfrenta, una vez más, a una crisis


social y económica de difícil pronóstico.


Uno de los impactos que se prevén en el corto plazo, es el de la dificultad que deberán


enfrentar los niños, niñas y adolescentes de la región para acceder a la estructura de


oportunidades que ofrece el Estado, el mercado y la sociedad1.

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